Un hombre habla desde una cabina telefónica en el aeropuerto. No utiliza el móvil. Hay algo romántico en la situación.
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diciembre 14, 2009***
diciembre 10, 2009I. me comentó este verano un problema que “sufre” desde hace un tiempo. Trabaja en geriatría. La mayoría de ancianos fallece más temprano que tarde. No es su culpa.
En cualquier caso, en muchas ocasiones debe informar a los pacientes de la muerte, pasada o inminente, de algún abuelo. “Y entonces, en esa situación, tengo tal sensación de absurdez que no puedo evitarlo y me da la risa”.
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diciembre 10, 2009En el aeropuerto de Riga. Tenía seis horas libres y he ido a la ciudad. He bebido una cerveza escuchando un concierto que había en una plaza. He bebido whisky contemplando un atardecer muy frío. Me he perdido y he caminado buscando alguna parada de autobús. He pedido otra cerveza ya en el aeropuerto y escuchando música he comprendido por qué años atrás en una ciudad alemana, había una discoteca debajo de las pistas de aterrizaje.
Indudablemente un aeropuerto es uno de los lugares donde más necesario es matar el tiempo y no hay manera más sana de hacerlo que ahogándolo en música.
Nota del editor
octubre 28, 2009Los textos correspondientes a la categoría San Petersburgo dejaron de actualizarse por motivos diversos, en cualquier caso no imputables a Sergio, el autor, cuyos textos, muchos de ellos inéditos, verán la luz -qué ironía- tarde o temprano, o quizás no, pero ahí están.
Como el autor se ha mudado de San Petersburgo a Yerevan, en breve se publicarán nuevos escritos desde Armenia.
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junio 20, 2009Me escribe una alumna por internet. Hoy el día es gris y frío. Extraño para ser junio. Se ha inventado una expresión que me fascina, “hace tiempo de muertos...”.
Le digo a esta misma alumna que voy a tumbarme porque estoy cansado. Respuesta. “Me parece que es necesidad de muerte”.
Hoy anda fúnebre.
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junio 20, 2009Estaba solo en el bar tomando una copa a la una de la madrugada y de repente una chica, acompañada por una amiga, me ofreció un chupito para beber con ellas. “Toma, parece que estás triste…“.
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junio 16, 2009Hace dos días que la luna está gigante y esplendorosa. Debe ser por las noches blancas o por algún efecto lumínico, pero anoche brillaba como un sol anémico. Hoy he salido por la noche a ver los puentes abiertos, los semáforos al revés…es como una metáfora del desorden general que hay en esta ciudad.
He visto la luna y he callejeado buscándola. Pero se ocultaba tras los edificios y me obligaba a cambiar mi recorrido. Así me he metido por calles bastante inhóspitas. Un coche de policía ha pasado lentamente cerca de mí. He imaginado la situación…dos policías preguntándome a las tres de la madrugada que adónde voy…”estoy buscando la luna“…
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junio 15, 2009Ciboulette remezcla de Luciano. Hoy me conmueve más una canción que una persona.
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junio 14, 2009Unas alumnas me comentan que existe en Siberia una ciudad a la que llaman “la ciudad de los perros voladores”. Hace tanto viento que en ocasiones los animales salen despedidos por el aire y las personas caminan por las calles agarrándose a cuerdas. Me pregunto cómo llevan a los niños.
- Allí tenemos una base militar secreta, desde la cual los submarinos cruzan el Ártico para llegar a América. Pero es un secreto.
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junio 13, 2009El vecino que baje la música. El jefe que trabaje sábado y domingo. La mujer del metro dándome chatarra. Mi nevera, como mi cuenta coriente, vacía. El problema no es que la gente sea infeliz. Sino que se empeñan en que los demás también lo sean.
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junio 11, 2009Ejemplificando la vida del perdedor. Derrotado en lo cotidiano y rendido en la victorias fáciles. La solidaridad de los desencantados.
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junio 10, 2009Insoportable dolor en la rodilla. Dolor. Un pinchazo constante que te impide pensar en ninguna otra cosa. Termino por ir al hospital. Tendinitis. O eso dicen. No tengo especial fe en el equipo médico.
Tu cuerpo no sólo se independiza de ti, sino que te declara la guerra constante. Como si se tratara de una venganza rumiada largo tiempo. Como si tu alma no estuviera ya lo suficientemente sola.
Me ponen una inyección en la rodilla. Después el taxista me lleva a casa. “¿Te importa que ponga más horas de las que te he esperado? Total, paga la aseguradora, no te importa”.
Vuelve el dolor.
“Pon las que te dé gana”.
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junio 10, 2009El interés sucio y mezquino te golpea como las gotas en una tormenta. Y sólo esperas no perder ese pedazo de pureza que te permite creer todavía que no eres como ellos.
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junio 9, 2009La tragedia de saber que no haces nada ni aquí ni allí ni en ninguna parte.
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junio 4, 2009Me invitaron unos alumnos a ir a la playa y después a la dacha (casa de campo rusa) a comer una barbacoa. Inexplicablemente dije que sí. Vi por fin arena, poca y sucia, y algo parecido al mar. No estuvo mal. Después fuimos a la dacha. Y una vez allí el ritual ruso, comer, primero una sopa, y tomar vodka, y una vez alegres hacer el tonto. Primero el anfitrión colocó unos dianas en una verja y todos disparamos con un rifle y pistola de perdigones. El que menos aciertos tuvo fui yo. Especialmente curiosa me pareció la frase de Tam., cuando dejó a su nieto de un año en manos de su madre mientras afirmaba “ahora vengo, la abuela va a disparar“.
Después nos acercamos andando a un descampado, donde un coche medio desvencijado destrozaba el silencio y el canto de los pájaros con típico pop ruso. Tenían tres aviones de gasolina para jugar. El primero terminó en un campo adyacente, en el que no había nada más que ruinas o edificios en construcción (no sabría decir cuál de las dos opciones es la correcta). El segundo avión perdió un ala al chocar contra una pared de hormigón. El tercer avión no alcanzó casi a despegar y perdió una hélice.
Ante esta situación acudió al rescate un vecino, aparecido de la nada, en un boogie. Solventaron el problema, llenaron el avión de gasolina y lo elevaron de nuevo. Esta vez despegó, se balanceó a derecha e izquiera mientras cogía altura y, una vez llegó a unos veinticino o treinta metros, cayó en picado, en una perfecta línea recta suicida, para reventar contra el suelo. Mientras tanto una mujer de más de cuarenta y cinco años y miope, la abuela francotiradora, me dio un paseo por el descampado en el boggie. No fallecimos de milagro.
Volvimos a comer carne y pescado, a beber y a pasar el rato con juegos varios, rodeados de mosquitos, césped y flores de colores.
Y durante todo el día brilló el sol con rabia y orgullo, mientras, en la otra punta del cielo, desde las doce de la mañana, melancólica aparecía la luna como un susurro.