Insoportable dolor en la rodilla. Dolor. Un pinchazo constante que te impide pensar en ninguna otra cosa. Termino por ir al hospital. Tendinitis. O eso dicen. No tengo especial fe en el equipo médico.
Tu cuerpo no sólo se independiza de ti, sino que te declara la guerra constante. Como si se tratara de una venganza rumiada largo tiempo. Como si tu alma no estuviera ya lo suficientemente sola.
Me ponen una inyección en la rodilla. Después el taxista me lleva a casa. “¿Te importa que ponga más horas de las que te he esperado? Total, paga la aseguradora, no te importa”.
Vuelve el dolor.
“Pon las que te dé gana”.
Junio 12, 2009 a las 1:43 pm |
Espero que estes mejor… como si no tuvieramos bastantes con que nos doliera el alma … nos tiene que doler el cuerpo tambien!